Un buen inicio es entender la historia y cifras de este relleno, así como la importancia de que sea administrado como lo que es, y no como un botadero.
Bastante revuelo ha causado el anuncio por parte del Alcalde Mayor de Bogotá, Enrique Peñalosa, sobre la intención de ampliar la vida útil del Relleno Sanitario Doña Juana por un lapso de 37 años.
Aprovecho, entonces, la oportunidad para aclarar ciertos conceptos con el ánimo de que la discusión se haga partiendo de la misma base y de que los juicios y comparaciones se hagan, por lo menos, con el mismo rasero.
En primer lugar entendamos el concepto de relleno sanitario y qué es exactamente lo que esta obra de infraestructura debe cumplir.
Para que una obra de recepción y almacenamiento de residuos sólidos se pueda denominar como relleno sanitario, debe cumplir, al menos, con las siguientes cuatro condiciones:
Cualquier desviación de estas cuatro premisas hará que la operación del relleno se parezca más a la de un botadero. Y esto último es simplemente un lugar donde se botan residuos sin ningún tipo de control.
Los ocho millones y pico de habitantes de Bogotá producen alrededor de 6.500 toneladas diarias de residuos sólidos. Para darse una idea de lo que esto significa, esta producción diaria sería capaz de llenar 200 tractomulas.
Todo ese material debe ser almacenado (a diario, recordemos) y es claro que sea donde sea, este sitio debe ser muy grande.
El Distrito adquirió, hace varios años, cerca de 600 hectáreas de terreno en la zona de ‘La Fiscala’, al sur de la ciudad, y para ese lugar ha hecho los estudios y diseños de la infraestructura de recepción de residuos de la ciudad.
Desde los 80’s en ese lugar se han dispuesto los residuos generados por los bogotanos y ha estado bajo el manejo de varios operadores. No es un secreto que durante este largo período la operación del relleno ha sufrido serios altibajos, algunos casi catastróficos (septiembre de 1997), que han puesto a la comunidad, con toda la razón, en contra de su misma existencia.
Sin embargo, y no obstante lo anterior, es importante preguntarse; ¿qué alternativas tenemos? La respuesta es, desafortunadamente, ninguna.
Existen acciones que podemos acometer para reducir la cantidad de residuos producidos; podemos maximizar la selección en la fuente de materiales recuperables y aprovechables para que salgan de la corriente de residuos; podemos reutilizar materiales como fuente de energía; sin embargo, todas estas acciones solo lograrán disminuir la cantidad de material que necesita disposición final, no la elimina.
No existe, por ahora, otro sitio que se pueda adecuar, a corto plazo, para cumplir con las condiciones técnicas ambientales, legales y sociales de un relleno.
En resumen, el sitio donde se encuentra la infraestructura conocida como Relleno Sanitario Doña Juana es el único lugar disponible. Tiene la capacidad y ya sabemos qué se debe hacer y cómo. El reto es: ¡debe hacerse bien!
Alberto Uribe Jongbloed, Ph.D.
Profesor titular de la Facultad de Ingeniería
Universidad EAN
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